Terapia con Alma: ¿Qué es?

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Terapia con Alma Bilbao

La Terapia con Alma, mi forma de hacer terapia, nace de un momento de reflexión profunda en el que me pregunto cómo aplicar en mi forma de trabajo los cambios que he logrado actuando conmigo misma, no solo a nivel emocional y mental, sino también espiritual.

Soy terapeuta y psicodramatista y llevo un largo camino recorrido tanto en formación como en transformación personal y espiritual. Así, durante ese largo camino y mediante una serie de reflexiones finales, es como llegué al concepto de Terapia con Alma, meditando cómo podía transferir a mis clientes la forma en que yo logré esos cambios tan valiosos.

El objetivo era encontrar la forma de trabajar con ellos para lograr ser su canal de mejora o recuperación, además de un efecto eficiente y duradero.

La Terapia con Alma, Espiritual

La Terapia con Alma se enmarca en el ámbito de la terapia habitual, solo que añadiendo un factor para mí primordial, que es el espiritual.

La terapia “al uso” no suele abarcar este aspecto, cuando sabemos a ciencia cierta que el ser humano no es solo un ente físico y mental, sino también espiritual. Que casi siempre ignoremos esta dimensión del ser humano, incluso en terapia, no quiere decir que sea inexistente. Todos tenemos una dimensión espiritual; lo queramos ver o no, la queramos atender o no.

A través de los siglos, las religiones, de cualquier tipo, se han adueñado del concepto de “lo espiritual”. Creo que es por ese motivo que los conceptos “espiritual”, “espiritualidad” o “del alma” son a menudo, vinculados a lo religioso, mal entendidos y tratamos de evitarlos. Religión y espiritualidad son dos cosas muy diferentes.

Se habla de lo espiritual e inmediatamente se piensa en lo religioso, cuando no debería ser así. Para empezar, la religión obliga a escuchar y seguir dogmas mientras que la espiritualidad invita a escuchar y seguir nuestra voz interior.

Aun así, todavía hay mucha gente que afirma que sin religión no hay espiritualidad, como si lo espiritual fuese un atributo exclusivo de aquellos que profesan una religión, cuando es justamente todo lo contrario: todo ser humano posee, de forma innata, una dimensión espiritual, pero no una religiosa. De hecho:

La necesidad que pueda experimentar alguien de creer en un ser supremo, o de pertenecer a una religión, nace de la espiritualidad, no al contrario.

En mi opinión, la espiritualidad no es ningún reflejo teológico ni religioso, y tampoco tiene que ver con lo moral o lo ético. Todo lo relacionado con la espiritualidad y el alma es el desarrollo de las capacidades del espíritu, que produce en el ser humano una transformación interior y que nada tiene que ver con adherirse a un conjunto de normas, doctrinas y dogmas como es la religión.

“(…) la espiritualidad tiene que ver con las fuerzas fundamentales que impulsan nuestras vidas, nuestros amores, pasiones y preocupaciones más profundos. Es la fuente de nuestro sentido de significado y de nuestra voluntad de vivir, el origen de nuestros deseos, valores y sueños más profundos. La espiritualidad es entonces, no una cosa aparte de nuestras vidas, sino que es la fuente de energía fundamental que alimenta todas nuestras emociones, relaciones, trabajo y todo lo demás que consideramos significativo.” (Crumley, Dietrich, Kline, May, 2004, What is contemplative spirituality).

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Las Dimensiones del Ser Humano

El ser humano reúne tres dimensiones, cada una con sus propias funciones y necesidades. Desde tiempos lejanos sabemos que estos constituyentes interactúan continuamente y que necesitan ser tratados como una unidad para que exista equilibrio.

Dimensión física: el cuerpo

La dimensión física del ser humano comprende las funciones vinculadas a sustentar la salud y el bienestar físico, y sus necesidades son materiales y orgánicas (alimento, abrigo, higiene, descanso, etc.).

Dimensión psíquica: la mente

La dimensión psíquica del ser humano es básicamente relacional. Relaciona el mundo interior con el mundo exterior, es decir, su ser con otros seres humanos, con la naturaleza, consigo mismo…

Al igual que con la dimensión física, la psíquica también tiene unas necesidades, como la construcción de identidad, el autoconocimiento, el reconocimiento, los vínculos sociales, la amistad, la sexualidad, etc. Las necesidades psíquicas son relacionales, es decir, necesitan de vínculos estables y afectivos.

Respecto a sus funciones básicas, la dimensión psíquica tiene fundamentalmente tres:

Función cognitiva

Necesita ordenar en ideas y pensamientos los datos de la realidad material y contextual (tiempo y espacio) en que vive.

Función emocional

Necesita ensamblar de forma coherente su propia historia personal y lo hace a través de los sentimientos y emociones.

Función trascendente

Al conectar el mundo material con el espiritual, brotan emociones y pensamientos vinculados a aspectos comunes a todos los seres humanos: amor a la humanidad, a la Naturaleza, al Planeta, espíritu de colaboración, preguntas existenciales, etc.

Dimensión espiritual: el alma

La dimensión espiritual es inmaterial, no es perceptible con los cinco sentidos, igual que la psíquica.

Las necesidades espirituales son, entre muchas otras, dar y recibir amor, la expresión creativa y el arte; la trascendencia, la búsqueda de significado, reflexionar sobre la propia vida, hacer un balance existencial acorde a los valores propios, perdonar y reparar vínculos, etc.

Al igual que las otras dimensiones, la dimensión del alma comprende también diferentes funciones, que son la creadora, la mental y la emocional.

¿Es el Alma lo mismo que el Espíritu?

Esta es una cuestión difícil de esclarecer, puesto que ambos términos se consideraban filosóficamente, y antes de su introducción al cristianismo, “el lugar donde se asientan los sentimientos”.

En esencia, son dos conceptos intercambiables entre sí, cuando no queremos entrar en detalles ni en matices que, a la postre, demuestran que son dos elementos complementarios.

En el siguiente enlace de la web de Aleteia tienes una respuesta más detallada sobre si el alma y el espíritu son lo mismo. Yo aquí voy a facilitar las cosas y hablar de ambos indistintamente, puesto que, en mi opinión, los matices son insignificantes para el tema que nos concierne, que es la Terapia con Alma.

Cómo Desarrollar nuestra vida Espiritual

Para desarrollar nuestra vida espiritual contamos con recursos muy diversos, que he dividido en dos “clases”: actividades y ejercicios.

Existen actividades que promueven la expresividad y el autoconocimiento y, por otro lado, existen las “prácticas espirituales”. Se denominan “prácticas espirituales” a aquellos “ejercicios” – no técnicas ni actividades – que promueven el desarrollo de nuestra vida espiritual.

De las siguientes actividades y prácticas espirituales que listaré a continuación yo recomiendo la terapia y psicoterapia, las técnicas corporales y artísticas, y la meditación.

Particularmente – como es lógico – recomiendo la Terapia con Alma y el psicodrama porque llevo muchos años viendo sus excelentes resultados. Aun así, soy de la opinión de que cada persona ha de encontrar el o los recursos que mejor se adapten a ella.

Actividades que favorecen al Alma

A continuación, te enumero solo algunas de las actividades que fomentan la expresividad y la integración de las tres dimensiones humanas, e inician la dinámica del autoconocimiento:

  • psicoterapia
  • terapias alternativas
  • técnicas corporales
  • técnicas expresivas ligadas al arte
  • actividades artísticas
  • actividades contemplativas en la Naturaleza
  • Yoga
  • Tai Chi

Prácticas Espirituales que también favorecen al Alma

Las siguientes prácticas espirituales específicas aquietan la psiquis y promueven el silencio interior, que a su vez favorece la auto observación sin prejuicios.

Se ha demostrado que los períodos regulares de silencio y soledad – meditación, yoga… – favorecen que la persona comience a auto observar si sus pensamientos, sensaciones, emociones, expresiones y conductas son congruentes entre sí y están realmente integrados (lo que piensa, lo que siente sensorialmente, lo que siente emocionalmente, lo que habla y lo que actúa). Es muy común que estas funciones estén disociadas y se piense de una manera, mientras que se siente y se actúa de otra.

  • la meditación
  • la contemplación
  • el mindfulness
  • la oración y el culto

Todas, tanto actividades como prácticas y ejercicios, tienen la capacidad de llevar a la persona al aquietamiento del contenido mental y a la introspección, favoreciéndose el afloramiento de contenidos internos y tomas de conciencia pues están destinadas a ejercer una transformación ontológica en quien los practica, es decir, cambios en la percepción de su ser.

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¿Cómo integro la Dimensión Espiritual en la Terapia Con Alma?

Desde que los humanos fueron conscientes de su propia fragilidad y mortalidad, han buscado respuestas a los misterios de la vida, como el cuestionamiento sobre el sentido de nuestra existencia, de dónde venimos o qué sucede después de la muerte. Interrogantes que siempre formarán parte de la experiencia humana.

Recordarás que antes hablaba de las tres dimensiones del ser humano, cómo interactúan de forma permanente e invariable, y que necesitan ser tratadas como una unidad para que exista un verdadero equilibrio en la persona.

En las culturas primitivas, las funciones de médico, psicólogo y sacerdote eran desempeñadas por una sola persona. Sin embargo, a lo largo de los siglos, (y pese a que incluso en el Código de Deontología Médica se aboga por una atención al conjunto del paciente), estas funciones se han ido diferenciando y convirtiendo en funciones desarrolladas por distintos profesionales. Esta es la razón por la que en la actualidad se nos trata como entidades fraccionadas, sin que exista conexión, cohesión e integración entre las partes. Es decir, según la “dolencia” que nos aqueje, nos tratará un médico, un psicólogo o un sacerdote y similares, en los casos de creyentes. Pero poca atención REAL se le presta a nuestra dimensión espiritual, a nuestra alma. A veces quienes “se dedican” a ello no son más que charlatanes, curanderos y místicos de toda índole. A veces incluso me pregunto si los propios sacerdotes de hoy en día están realmente preparados para atender las verdaderas necesidades espirituales de sus parroquianos, porque me da la impresión de que la mayoría se centra en la doctrina, se inmiscuye en cuestiones que no les atañen como las políticas y en emitir juicios de valor en lugar de practicar la escucha activa y despojada de prejuicios. A mi parecer, lo de ser sacerdote ya no es cuestión de vocación, sino que se trata de una carrera profesional como otra cualquiera. De lo contrario, ¿cómo se explica que la mayor concentración (7.369, en términos absolutos) de sacerdotes sea en la Comunidad Autónoma de Madrid*, que de las más pequeñas en extensión? Pero bueno, esto es solo mi opinión. Tal vez estoy equivocada.

*Datos de la Conferencia Episcopal Española

Lo más grave es que estos profesionales, no solo no interactúan, sino que además rara vez están de acuerdo. Este mismo pensamiento, añadido a mi propia experiencia en el “tratamiento” de mi alma, fueron los dos factores que, en su día, me hicieron darme cuenta, tomar conciencia, de que la dimensión espiritual faltaba también en mis terapias, que era necesario integrar la dimensión del alma en mi forma de aplicar la terapia. Así surgió la Terapia con Alma (ojo, no confundir con la terapia del alma, similar pero no igual). Tomé conciencia, logré darme cuenta de que, si se obvia el aspecto espiritual durante la terapia, estamos perdiendo la posibilidad de profundizar en un aspecto esencial de lo humano, quedándonos quizá en una función terapéutica demasiado mecanicista.

De modo que la meta de la Terapia con Alma es la integración de nuestra dimensión psíquica y espiritual en las sesiones.

Por todo lo anterior, además de aplicar una terapia totalmente individualizada y, con objeto de atender también a esa otra dimensión casi siempre olvidada que es el alma, trato de promover el cuidado espiritual en el proceso, de ahí el nombre de Terapia con Alma que he creado.

Además de tratar de alcanzar los objetivos de una terapia “al uso”, en la Terapia con Alma hay, sobre todo, tres metas principales para el cuidado espiritual de la persona en proceso:

Fomentar la integridad dentro del paciente

Se trata de promover el autoconocimiento y explorar sus creencias y sistema de pensamiento, además de tratar de que tome conciencia de su propia identidad (la real, no sus máscaras o roles), de la relación entre sus tres dimensiones como ser humano y de la conexión y repercusiones entre ellas.

Hallar respuestas a preguntas trascendentales como la búsqueda personal de significado

Todo ser humano se hace preguntas trascendentales o existenciales, entre las que se encuentra la búsqueda de sentido y significado. Que no queramos prestar atención a cuestiones que nos plantea nuestra alma porque supone esfuerzo y tiempo tratar de hallar respuestas, no quiere decir que esos cuestionamientos no existan en nosotros. Con la Terapia con Alma trataremos de hallar respuestas haciendo las preguntas correctas y con la tranquilidad de hallarnos en un espacio seguro y sin prejuicios.

Hallar, respetar y satisfacer las necesidades del Alma

Es necesario que, tanto la persona, como su terapeuta, en este caso yo misma, estemos ambos sensibilizados con sus necesidades espirituales, reconociéndolas y respetándolas.

La calidad de vida de las personas en terapia con alma mejora cuando sus necesidades espirituales son satisfechas. Según mi experiencia, para esa persona, juega un papel fundamental la valoración de su vida espiritual por parte de quien tiene delante, la terapeuta.

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Cómo ayuda la Terapia con Alma

Pero, ¿cómo llegamos a ayudar a la persona a entrar en contacto con esa dimensión espiritual?

Como parte de la terapia habrá alguna actividad o parte dedicada a la toma de conciencia, desde su dimensión espiritual.

Esto se puede lograr, por ejemplo, a través de la meditación o del diálogo con preguntas potentes, aunque también ocurre muchas veces de forma espontánea, pues es algo a lo que todos tenemos acceso de forma natural. De hecho, si estuviésemos más familiarizados con este estado de conciencia ampliado, estaríamos mucho más conectados con “todo lo que es” y con “todo lo que somos” y acceder más fácilmente a ese territorio íntimo y sagrado que es el alma.

En el ser humano, la dimensión espiritual se manifiesta en su búsqueda de respuestas ante la toma de conciencia de su propia existencia y también de su finitud. Se percibe que una persona que acude a terapia con alma comienza a darse cuenta de su vida espiritual porque se inquieta por preguntas existenciales:

¿Qué sentido tiene la vida? ¿Quién soy yo en realidad? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Qué sentido tiene el sufrimiento y la enfermedad? ¿Qué pasa después de la muerte?

Todas estas preguntas evidencian una apertura de su conciencia que ha trascendido los límites de su yo y de su ego. Ese adentrarse en otro “plano” de sí mismo es lo que abre la posibilidad de transformaciones profundas, como ya he explicado, pues, además de alcanzar comprensiones sobre él o ella mismos en las que no había “caído” antes, le ayuda a tomar conciencia de bloqueos y liberarlos, reconocer patrones de pensamiento, identificar y gestionar emociones, eliminar creencias limitantes, encontrar un verdadero sentido, activar capacidades y talentos…

Hay aspectos que emergen con más facilidad que otros, pero la práctica regular ayuda a la persona a aprender en base a la experiencia y cada vez le será más fácil y será capaz de ir y de “ver” un poco más allá. Mediante la Terapia con Alma, al expresarse sobre su propia vida espiritual, se está capacitando a la persona para exponer dudas, necesidades, preocupaciones concernientes a esa faceta de su humanidad, sintiéndose aceptada y no juzgada y por tanto tranquila y segura.

Recuerda que puedes consultarme si tienes alguna duda sobre la Terapia con Alma o solicitar una sesión gratis sin compromiso a través del formulario de debajo.

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