9 Mitos sobre la Terapia

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9 Mitos sobre la Terapia

Claro que hay mitos sobre la terapia. Si alguna vez has decidido buscar ayuda de profesionales de la salud mental o emocional, es posible que te surjan algunas dudas o de repente te acuerdes de algunos estigmas y prejuicios. Vamos a tratar de despejarlas abordando esos mitos más comunes sobre la terapia.

Los mitos o nociones equivocadas sobre la terapia o lo que realmente sucede en la consulta de un terapeuta, proceden en gran parte de novelas, del cine y la televisión y de los medios de comunicación. En estos medios, a menudo se retrata a los terapeutas como personas bastante incompetentes, a veces incluso más perturbados que sus clientes.

Por otro lado, se ha calificado de “enfermos mentales” a personajes como Adolf Hitler, Stalin, o a personas sencillamente malas o despiadadas, como un maltratador. Calificar o confundir la maldad con una enfermedad mental no hace más que estigmatizar a la segunda y a las personas que las sufren.

Otro origen de esta estigmatización reside en el hecho de que hace décadas, las enfermedades mentales trataban de ocultarse. Si un familiar acababa en una institución mental, lo más habitual era, si no ocultar, sí maquillar mucho la verdad, debido a los prejuicios que había en cuanto a trastornos mentales. Cuando una idea se instaura y arraiga en la mente colectiva, es muy difícil de erradicar. De ahí que se surjan los prejuicios y, en consecuencia, la estigmatización y los mitos.

A desmentir los Mitos sobre la Terapia

Existen numerosos mitos sobre la terapia que, encima de que ya están más que consolidados en la sociedad, continúan siendo apuntalados gracias a su fomento en medios de comunicación, cine y a pie de calle. Son mitos y prejuicios que están, como decía, en la mente colectiva. Me ha encantado este artículo de El País que habla de ello.

Pero, afortunadamente, las cosas están cambiando, aunque de forma lenta y dolorosa. La sociedad comienza a ver de otra manera las enfermedades mentales, a reconocer la importancia de la salud emocional y mental e incluso, a considerar la posibilidad de acudir a terapia sin tener necesariamente una enfermedad mental. Queda un largo camino por recorrer aún, pero se recorrerá.

Aun así, hoy por hoy, y aunque ya no solo se acude a terapia cuando se tiene un trastorno, una enfermedad mental, una patología diagnosticada, etc., los mitos, el estigma y los prejuicios siguen ahí, por desgracia, pese a que una de cada cuatro personas tiene problemas de salud mental a lo largo de su vida (fuente: web de la Estrategia contra el Estigma en Salud Mental de la Junta de Andalucía).

A quien tiene diagnosticada una depresión se le considera débil de carácter y apática. Sufrir ansiedad se asocia con una carencia de la capacidad de autocontrol, etc… El simple hecho de asistir a la consulta de un psicólogo, un psiquiatra o un terapeuta desencadena ideas preconcebidas que hacen brotar prejuicios sobre la persona. De ahí que ella prefiera ocultarlo en la medida de lo posible, para no dar oportunidad a que se desaten tales ideas. Y es que el estigma, no solo cuenta con la sociedad, los medios etc., sino que tiene muchas otras fuentes, que incluyen a la red más cercana de la persona. Desde la propia familia, hasta las amistades o su círculo laboral. Incluso la red profesional de salud puede generarlo sin ser consciente de ello.

Por eso quisiera aportar mi granito de arena en pos de su desmitificación, tratando de desmentir unos cuantos mitos, que creo que son los más comunes:

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Mito 1. La terapia es para gente que tiene problemas mentales

Radicalmente FALSO.

Hoy día acuden a terapia personas con un amplio abanico de cuestiones a tratar. Como explico en otros posts, hay muy diferentes niveles de “gravedad”. Yo los clasifico en leves, intermedios y graves.

Los leves pueden abarcar desde cuestiones de crecimiento personal, autoconocimiento, problemas leves de comunicación o relacionales, el deseo de mejorar o eliminar conductas que nos limitan, como una excesiva timidez, superar algunas crisis vitales que a todos nos llegan, hasta resolver cuestiones que, de no tratarse, pueden derivar en problemas más graves, etc.

En el nivel intermedio están problemas o cuestiones algo más serias y que necesitan atención para no enquistarse. La persona siente un malestar que no la deja desarrollar sus actividades habituales con normalidad, empieza a perder interés por las cosas que antes le gustaba hacer, etc. Hay que prestar mucha atención a este malestar cuando lo sentimos porque pueden derivar en cuestiones más graves, como una adicción, por ejemplo. Se trata de malestares y cuestiones como los principios de la ansiedad, el acoso laboral o escolar, problemas relacionales que han superado su fase leve, o cuando necesitamos superar duelos y cambios importantes, etc. 

En el nivel grave se encuentran las patologías, traumas, trastornos, adicciones, etc.

Como ves, que la terapia sea para gente que tiene problemas mentales es radicalmente falso, un mito en toda regla y, lamentablemente, de los más extendidos.

Mito 2. Las personas que buscan terapia son débiles o están enfermas

FALSO.

Es un signo de buen juicio buscar tratamiento terapéutico. De hecho, si se aborda a tiempo un malestar leve, como puede ser la falta de autoestima o un problema de comunicación con la pareja, esta puede ser la forma de evitar que derive en una afección de más gravedad. Y es que, en realidad, el cliente de terapia habitual no es el que tiene un trastorno o una adicción, por ejemplo, sino que se trata de una persona que lucha y se enfrenta con los mismos problemas del día a día que el resto de nosotros: relaciones, dudas, autoestima, estrés, conciliación, transiciones o crisis de la vida, duelo por una pérdida, depresión, ansiedad, etc.

Incluso es algo muy significativo que la denominación preferida de las personas que acuden a terapia es «cliente» y no «paciente», precisamente por lo que acabo de explicar: porque van a terapia en busca de soluciones internas para problemas del día a día y prefieren enfrentarlos, antes que dejarlos pasar y que se conviertan en situaciones más graves.

En definitiva, siempre he dicho que muchas de las personas que consultan conmigo están mucho más saludables y estables mentalmente que muchas que vemos a diario por la calle o en la oficina y que, tal vez son las que más fomentan y a la vez temen, el estigma social que supone acudir a terapia.

Mito 3. Los terapeutas se sientan a tomar notas mientras tú te recuestas en un diván

No radicalmente falso, pero es raramente el caso.

Y no ya porque el típico diván forma parte del imaginario debido a las películas, series y a la imagen que tenemos del psicoanálisis, sino porque la distancia física entre terapeuta y cliente es algo que se cuida mucho en terapia de hoy, puesto que precisamente la cercanía, sea online u presencial, fomenta una alianza terapéutica factible y segura.

Y es que la separación psicológica o física del cliente con respecto al psicoterapeuta puede crear en él o ella una percepción de autoridad o incluso de intimidación que puede a su vez resultar en una incapacidad para confiar, abrirse completamente y revelar información relevante en el proceso de terapia.

El entorno terapéutico típico, sea online o presencial, es en la actualidad algo muy parecido a una sala de estar, donde ambas partes se sientan cómodamente sin barreras entre ellas. Los buenos terapeutas a menudo preguntan si la distancia es cómoda y se abstienen de tomar notas hasta después de la sesión para poder estar más presentes con los clientes.

Por cierto, dado que la he mencionado varias veces, te dejo a continuación enlaces que te llevarán a los mitos que también existen sobre la terapia online, así como al post en el que explico cómo la terapia online es igual de eficaz que la presencial, y otro en que destaco las diferencias entre ambas modalidades de terapia.

Mito 4. La psicoterapia es solo hablar (y no estoy dispuesto a pagar por eso)

La terapia no es algo pasivo, que es lo que se podría derivar de esa afirmación, que no es más que otro mito sobre la terapia. Yo hablo (parte activa). El terapeuta no hace nada más que escuchar (parte pasiva). No. La terapia es mucho más que eso.

Tal vez te has fijado en algunas escenas de series, películas o novelas en las que los terapeutas se dedican a escuchar (o hacer que escuchan) a los clientes desahogarse, asentir con la cabeza en señal de aprobación y reflejar sus mismas palabras. Pues bien, eso no son más que estereotipos y mitos.

En la ficción, los terapeutas interpretan las experiencias de los clientes, en lugar de pedirles que saquen sus propias interpretaciones, que es más parecido a lo que realmente ocurre en una sesión terapéutica.

Hoy día, los terapeutas están capacitados en terapias y enfoques terapéuticos que involucran a ambas partes. Se trata de procesos no solo interactivos sino también colaborativos, que se basan en el diálogo y la participación activa del cliente en la resolución conjunta de problemas. Si bien es cierto que el terapeuta podría pedir al cliente que realice algún ejercicio o alguna lectura entre sesión y sesión, también es cierto que JUNTOS, los psicoterapeutas y los clientes identifican problemas, establecen metas y evalúan el progreso. Por tanto, lo de que “ir a terapia es como hablarle a la pared o a un amigo” es un mito. Algo totalmente falso.

Mito 5. La terapia es simplemente sentido común

Supongo que esto lo dirá la gente prepotente que piensa que ellos actúan con mucho sentido común. Seguramente muchas de estas personas son las que necesitan terapia con más urgencia.

Dice un famoso psicólogo americano, Ryan Howes, que la terapia es como una carrera en la que tú eres la única asignatura.

Y es que la terapia no se trata de aplicar el sentido común. Eso es absurdo. Y, ¿sabes por qué? Porque, como la expresión misma indica, el sentido común es conocimiento general que es aplicable a todo el mundo. La terapia es conocimiento interno que solo se puede aplicar cada persona individualmente.

Mito 6. Si tienes un buen amigo, no necesitas un terapeuta

Falso. Nada que ver.

Y lo más triste es que es un mito bastante generalizado. Por supuesto que el apoyo social es importante, sea de amistades, familia, pareja, etc. Pero nunca una persona no profesional puede sustituir a un buen terapeuta.

En primer lugar, porque los conocimientos y experiencia de uno y otros es abismal. ¿Y si tengo un amigo que además es terapeuta? Lo más recomendable es que no acudas a un terapeuta ni psicólogo con quien tengas una relación personal de cualquier tipo porque no podrá nunca ser tan imparcial como alguien que no te conoce.

En segundo lugar, porque la relación es completamente diferente. Con un amigo o familiar, la persona suele frenarse en muchos aspectos, precisamente porque tienen una relación y eso implica que emitirán juicios de valor. Cuando acudes a terapia, puedes explayarte completamente, que el terapeuta nunca va a juzgarte. En terapia no hay juicios ni opiniones. Sí hay escucha activa, reflexión personal sin influencias y análisis en profundidad, cosa que no hay en una conversación con los amigos.

Por supuesto, y aunque sea de cajón, lo voy a mencionar. Cuando le cuentas tus problemas a un amigo, esos problemas pueden ir de boca en boca. Muchas veces incluso cuando les rogamos que no lo compartan con nadie. Todos sabemos que mantener un secreto es harto difícil, incluso cuando se tiene intención de hacerlo. Un terapeuta está obligado por su código deontológico a mantener tu privacidad intacta. Todo lo que le digas es estrictamente confidencial.

De modo que no. Lo de un terapeuta no es necesario si tienes buenos amigos, es un mito.

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Mito 7. Los terapeutas aplican soluciones predeterminadas

Nada más lejos de la realidad.

¿Alguna vez has ido al endocrino de la seguridad social y, después de hablar abiertamente con él o ella, ha abierto un cajón y te ha dado una dieta de 1000, 1200 o 1500 calorías diarias, según el sobrepeso que tuvieses? Bueno, pues ese no es el caso con los terapeutas.

No hay soluciones predeterminadas en salud emocional o mental. Lo primero, para lograr establecer la alianza terapeuta – cliente no se hace lo que “quiere” el terapeuta, sino lo que el cliente determina que es importante para lograr el cambio, después de sus propias reflexiones. Hay una orientación y un acompañamiento, no una dirección tendenciosa.

Por lo anterior, un buen terapeuta adaptará las sesiones a las necesidades de cada cliente (en ese post te indico cómo encontrarlo), no les dará remedios predeterminados o fórmulas preestablecidas. Más que nada porque es la escucha activa del relato del cliente, más los patrones cognitivos y emocionales que muestra, lo que ayuda al psicoterapeuta a guiar y orientar al cliente. Esto es lo que facilita su cambio y mejora.

Mito 8. La medicación es mejor y más rápida que la terapia

Ojo con este mito y afirmaciones parecidas.

La medicación es importante en donde corresponde, eso no se puede negar. Pero comparar las dos formas de tratamiento no es correcto.

Como decía en el mito número uno, hay una gran variedad de afecciones y cuestiones por las que se acude a terapia, por lo que esta afirmación ya descartaría a gran parte de la población que acude a terapia: aquellos que van por cuestiones leves y medianamente serias que no necesitan medicación, más muchas de las que acuden por problemas más serios o graves que pueden tampoco requerir medicación. Sustituir la terapia por medicación es, en mi opinión, un grave error.

Ahora bien, mientras que algunos problemas se pueden tratar fácilmente con terapia, otros pueden requerir una combinación de ambos, terapia y medicación. Cuando la medicación podría ser necesaria con el fin de crear un equilibrio químico en el cuerpo, añadir la terapia al tratamiento ayuda a resolver el conflicto desde dentro.

En cualquier caso, es el profesional, – que en este caso tendría que ser un psiquiatra, un médico o un psicólogo –, el que decidirá qué recursos son los más adecuados para condición de la persona.

Por lo tanto, antes de pasar a las pastillas – que, por cierto, pueden crear adicción–, explorar la opción de la terapia es lo más aconsejable.

Mito 9. Los terapeutas me van a solucionar los problemas

Pongo este mito en último lugar, pero no por ello lo considero menos importante.

En mucha gente existe una idea errónea sobre lo que hacen los terapeutas y la terapia, que tiene que ver más con hacer milagros que con trabajar para sentirse mejor.

El terapeuta no tiene una varita mágica que te hará que soluciones tus problemas, por mucho tiempo que inviertas en un proceso terapéutico. Tiene que haber voluntad, motivación y esfuerzo por tu parte. De hecho, sin tu colaboración, el terapeuta no puede hacer nada. El terapeuta está ahí para orientarte, darte pautas en pos de tu mejora y bienestar, pero eres tú quien debe hacer el trabajo. Es como si tu objetivo fuese aprender a escribir o a leer. Otra persona puede guiarte, pero eres tú quien debe hacer las tareas necesarias para lograr esa meta.

Conclusión

Tristemente, hay muchos más mitos sobre la terapia que podría comentar. Sin embargo, creo que estos 8 son los más generalizados y extendidos. Espero haber podido añadir mi granito de arena para erradicarlos porque realmente la terapia puede ayudar en épocas de bajón, de crisis o de malestar, no solo cuando se diagnostica una enfermedad mental.

Espero que ahora se tenga una comprensión más clara porque me parece fundamental despejar montones de mitos que existen sobre la terapia para animar a mucha gente a sacudirse de todos esos prejuicios e iniciar un proceso que puede hacerle mucho bien.

Si tienes algo que te está frenando para buscar ayuda terapéutica, puedes consultarme directamente a través del formulario o mediante la sección de comentarios a continuación. Haré lo posible para poder despejar tus dudas.

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